viernes, 27 de abril de 2012

E.I. Pilar. Familia y Educación en valores



       Familia y educación en valores. 

Desde hace unas décadas, se cree en la posibilidad de que la educación formal solucione los problemas que ha generado la sociedad actual como; las drogas, la violencia, el consumismo, la contaminación ambiental, etc. Tal idea se apoya en la creencia de que es posible que la transmisión de valores por parte del profesorado  a los educandos, sea suficiente para que estos desarrollen una personalidad íntegra.
Hoy esta idea empieza a tambalearse, es cierto que tanto la escuela como la familia contribuyen al desarrollo de la personalidad del educando y por tanto de sus actitudes ante la sociedad, pero es la familia y su contexto social el que más lo va a determinar. La escuela intenta corregir o apoyar las actitudes y creencias que trae consigo el educando, pero no puede ocupar el lugar de la familia.
En la sociedad actual, donde nos llega más información de la que podemos asimilar, la escuela no se encarga meramente de transmitirla sino de facilitar y orientar su búsqueda y el uso que de ella se hace.
Como ya hemos dicho, el niño trae a la escuela, de su contexto y sobre todo de su entorno familiar,  una serie de valores y antivalores que determinan su actuación ante las propuestas valorativas que le proporciona la escuela, por lo que la familia es la que va a determinar la estabilidad emocional del educando,  (aspiraciones, motivaciones, valores). Es por tanto imprescindible que la escuela incorpore a la familia en sus proyectos educativos, en general y sobre todo en los concernientes a la resolución de problemas como; la droga, la violencia o la marginación entre otros.
Uno de los temas más tratados últimamente por los pedagogos y psicólogos es la violencia en las aulas, se sabe que tiene un  origen socio-familiar. Partiendo de que los padres son los que comparten con el niño sus primeros años de vida y que esto determina su comportamiento y personalidad, es fácil suponer que el niño aprende la forma violenta o respetuosa de comportarse de sus padres, está comprobado que muchas de las de las conductas de los padres y refuerzos que dan a la conducta de sus hijos no hacen más que incrementar las actitudes agresivas de sus hijos.
Por el contrario se sabe que la seguridad afectiva que el entorno familiar proporciona al niño, es indispensable para el desarrollo de una personalidad sana y equilibrada.
Aunque la familia es el hábitat natural para la apropiación de valores no debemos olvidar que la familia está condicionada por las contradicciones sociales de nuestra sociedad actual y por tanto de los continuos cambios que en ella se producen.

Como vemos, la familia no está sola ante la educación de sus hijos, ni es el entorno familiar el único que va a influir en el adolescente, pero si es la más importante en los primeros años del niño y por tanto la que marcará su entidad afectiva y emocional, el entorno familiar será transcendental para la adquisición de valores y patrones de conducta.
El valor se adquiere con la experiencia, no es suficiente con tener conocimiento de él, es necesario conocerlo a través de la realización personal, para ello el ser humano necesita de un modelo al que imitar y de un entorno afectivo y continuado. La escuela es un lugar más, en donde a través de las relaciones afectivas entre educador y educando se puede desarrollar la comprensión del valor y su posterior asimilación. Pero es en la familia en donde se ve a dar el marco más valioso para este fin, el seno familiar crea un marco afectivo y continuado insustituible para que el niño pueda apropiarse de un valor de forma natural, es decir, el niño verá cada día el comportamiento de sus padres, el lazo afectivo reinante entre ellos provoca en él, la necesidad de hacer suyo dicho comportamiento.
Mencionar que se corre el riesgo, de los hogares en los que no son práctica habitual comportamientos dignos de imitar.

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